Seguramente Diego Costa (1988) tuvo alguna pesadilla con el Profe Ortega en esas últimas noches de exilio en Lagarto (Brasil). Cuando su fichaje por el Atlético estaba casi listo, comenzó a darle vueltas a la cabeza recordando las palizas físicas que el preparador uruguayo les regalaba en las exigentes pretemporadas en Los Ángeles de San Rafael.

«Me dan miedo los entrenamientos del Profe, no la báscula», admitía nada más aterrizar en Madrid aquel mediodía del viernes 22 de septiembre. El lunes, comenzó el show. «Mire, no sé de dónde viene usted. ¡Qué coz tiene, por favor!», le soltó una mañana Ortega. «¡Vuelva al mundo deportivo!», bramó otra. Incluso Costa, deseoso de tocar balón y estar con sus compañeros, trató de escaparse en más de una ocasión para disputar el rondo. Pero el Profe, al que ha vuelto, nunca bajó la guardia. Fue un reto personal y los resultados están a la vista.

Costa llegó a Madrid por encima de los 90 kilos y hoy presume de una hercúlea figura cercana a los 80. Casi 10 kg de diferencia y puro músculo. Aquellas pachangas y visitas al gimnasio en Brasil le evitaron un sofocón mayor con su peso. Pero ha sido el espartano plan de Ortega el que le ha permitido esculpir con precisión su perfil. «Es un animal. Al mes de llegar ya estaba para jugar. Tiene un físico privilegiado», desvela uno de los fisios del primer equipo. Para llegar hasta ahí, aparte del trabajo en el Cerro del Espino, no dudó en echar unas cuantas horas extras en el gimnasio que Fernando Torres (Nine Fitness) tiene en el Paseo de las Acacias de Madrid, donde remataba cada jornada con boxeo y ejercicios de potencia. Hace un mes, mostró al mundo el resultado en un vídeo impactante: sobre una bici estática lucía brazos y piernas hipermusculados.

En los últimos entrenamientos del año, se pudo ver cómo los defensas salían poco menos que repelidos al luchar con él por un balón. Pero no sólo eso. «Todo lo que tira va dentro, le pegue bien o mal», cuentan desde el vestuario rojiblanco, donde alucinan con esta versión 2.0 del delantero. Una buena noticia para un equipo donde meter un gol es como un dolor de muelas. Su alegría anotadora, además, contrasta con la de sus rivales por el puesto. Entre Torres y Gameiro han marcado siete goles, mientras que Vietto, que despeja una plaza al irse cedido al Sporting de Portugal hasta junio, ni siquiera se estrenó. En esos partidillos en el Cerro del Espino se ha ido quitando el gusanillo provocado por la sanción de la FIFA al Atlético. Un castigo que, sin embargo, no le apartó de la cabeza la idea de volver junto a Simeone, el técnico que ha sacado lo mejor de él. Incluso en su etapa en el Chelsea no le importó subir a Instagram la fotografía de una cena con el Cholo.

Deseado por Simeone

«Nunca nadie hizo tanto por jugar en un equipo», valoran desde la zona noble del club rojiblanco, donde vivieron con bastante tensión los desplantes que Costa fue haciendo a Antonio Conte desde que recibió aquel mensaje de despedida. Las imágenes en su retiro en Brasil con la camiseta del Atlético o los dardos envenenados al técnico italiano («Dale un abrazo a Conte», le soltó a Cesc) retrasaron el desenlace del fichaje más deseado por Simeone. Cada estridencia de Diego desataba un resoplido en las oficinas del club. Aunque a la segunda, recién concluido el verano y tras el intento fallido en 2016, fue la vencida. Tuvieron que pagar 66 millones al Chelsea, el desembolso más grande en la historia rojiblanca.

Aún no hay fecha oficial para su regreso porque hasta el día 1 de enero no se abre el mercado y la burocracia, que tiene que tramitar el tránsfer internacional, suele caminar con ritmo plomizo. Por eso, nadie asegura que vaya a estar en Copa ante el Lleida (3 de enero), aunque tampoco lo descartan. Lo que sí parece seguro es que la mañana de Reyes, en el Metropolitano ante el Getafe (13.00 horas), se pondrá de nuevo la camiseta rojiblanca. Tres años y medio después de su última estampa en Lisboa.

«Si me vuelve a pasar, Diego juega la final otra vez. Era nuestro Messi», reconocía Simeone en una entrevista en el diario As. Aquellos nueve minutos en la final de Champions de 2014, con sprint incluido a los vestuarios para ocultar las lágrimas por la lesión, fueron los últimos con el Atlético. Allí le espera de nuevo Koke, su mejor socio en el equipo (15 pases de gol en 99 partidos) y, probablemente, también en la selección, donde marcó su último gol oficial (11 de junio ante Macedonia), camino del Mundial que es casi una obsesión. Si juega, será uno de los fijos de Lopetegui para Rusia.

Con los deberes hechos y corregidos, Costa cogió de nuevo el avión hacia su Lagarto natal el pasado jueves, antes de que el Atlético perdiera con el Espanyol el primer partido del curso en Liga. Su primera y última semana de vacaciones hasta el verano. El hispano-brasileño ha sido casi tan exigente con la decoración de su lujosa casa en la urbanización de Las Lomas, en Boadilla del Monte, como con su físico. Allí tendrá espacio de sobra para reunirse con los suyos. Siempre con un buen plato de carne.

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