La razón gritaba que era imposible . Ganarle al Liverpool, plantar cara en esta eliminatoria de octavos, al Liverpool de Klopp, el campeón, el equipo del heavy-metal que atrona en toda Europa. Lo imposible que en el minuto 4 alzaba un puño al grito afónico del Metropolitano, que sonaba como el viejo Calderón . Un puño con esa frase tatuada, “la fuerza no elegida de la capacidad corporal sino de la voluntad del alma”, que marcaba el camino. Lo besaba Saúl, como en muchas otras noches de Europa.
Lo imposible era como el Atlético al partido . Lo agarró de la solapa en vez de dejar que la sepultara. Como si Simeone hubiera abierto un bote lleno de avispas. Los rojiblancos picaban, los rojiblancos mordían. Cuartos, cuartos, parecían gritas todas sus botas. Sus futbolistas multiplicados. Panes y peces, cabezas y piernas. Estaban en todas partes. Arrollador, le quitó la pelota al Liverpool. A los cuatro minutos, ese córner, muchas veces la pala con la que este Atlético cavó la tumba del rival. Lo que Koke, la pelota tocó en Fabinho y quedó muerta para que una bota la disparara a bocajarro a la portería de Alisson como una bala directa al corazón . La de ese jugador que alzaba el puño. Saúl Ñíguez, que solo marca goles importantes. 1-0. Lo imposible hecho realidad.
Pasado el golpe, la respuesta. Porque la hubo, inmediata . El Liverpool sufrió el balón, abigarrando al Atlético en su área. Un Liverpool obligado a tocar y tocar, sin profundidad. La pelota no le llegaba a Firmino, Fabinho jugaba con los pasillos cegados, el Atlético sobrevivió cómodo acorazado. Los centros de Robertson y Alexander Arnold siempre se encuentran con pierna rival, Mané no se vio en el bosque de hombres del Cholo y Salah tampoco . Su ocasión más clara en la primera parte, se topó con la cabeza de Felipe: en los últimos tiempos no hay un seguro mejor. Hizo un partido extraordinario. Otro.
El Cholo había sorprendido desde la misma caseta. Titular de Vrsaljko, Arias descarte . Lemar también. Pero no el Lemar de los últimos meses, ese sin confianza, al que le pesaba la camiseta, las piernas y el escudo y sólo le faltaba redactar su esquela en el Atleti. No, ese no. Era el otro Lemar, aquel de la Supercopa de Tallin, que parecía un espejismo . Bien en el juego y mejor a las ayudas. Entre él y Lodi se comían a Alexander Arnold.
Sin posesión, los medios de comunicación contra lo suficiente a los rojiblancos para seguir transformándose en avispas, caballos al galope hacia la portería de Alisson . Pero unas veces Morata se topó con Robertson y, otras, con Alisson. El descanso llegó con Mané golpeando a Vrsaljko en la cara por dos veces de pura impotencia, jugándose la roja, y Oblak con los guantes intactos. Era la primera vez que el Liverpool de Klopp cerraba una parte sin un remate a puerta. El entrenador reaccionó enseguida: Origi por Mané nada más volver del reposo. Lemar también se iba, su trabajo hecho, era el turno de Llorente. Necesitaba el Atleti piernas, pulmones, físico . El Atlético es un equipo con múltiples conexiones de ataque automáticas. Que te ataca de muchas maneras distintas. Otra vez el Atleti santiguado y encerrado en su área, pero 45 minutos más desgastado. El Liverpool tenía más cuerpo, más ritmo, prisa. Cabeceó Salah una pelota que se fue a un palmo del poste derecho de Oblak. Percutía una y otra vez el Liverpool sobre la banda de Vrsaljko, una vez habían comprobado que Lodi tenía la puerta de la suya candada y muy cerrada . Su partido fue una barbaridad.
El Metropolitano comenzó a sentir el corazón en la garganta . Como si faltara pecho para metro adentro tantos nervios. Alzó la voz. Ale, ale, aleee. Su equipo era todo achicar e imprecisiones pero todos los ojos se dirigían a la banda, los de Klopp también: Costa sembraba el pánico solo con salir a calentar. Entonces Morata, solo ante Alisson, se tropezó recibió el mismo y envió al aire el enésimo centro de Lodi que surcaba el aire gritando goool . Tocaba seguir sufriendo mientras la piel de Koke, Saúl y Thomas caen derramada sobre la hierba en goterones de sudor. Aguantando antes al tridente, encabezando la presión, basculando y dirigiendo coberturas ahora .
Simeone alzaba los brazos en molinillo, pidienco más voz, empuje de gargantas . Llorente se escabullía en una carrera maradoniana, el Liverpool ya no ahogaba igual. Hasta Klopp perdía la sonrisa. Retiraba a Salah y se le lesionaba Henderson mientras se volvía a escuchar altísimo el Ale, ale, aleee . Ahí estaba Costa, en la banda, 100 días después. La Bestia para jugar los últimos quince minutos . Del Atlético fueron los últimos minutos, del Atlético y las carreras de Vitolo. Haciendo viejo de nuevo esa pregunta. “Papá, por qué somos del Atleti?”. Por partidos como este, hijo. Por este entrenador que volvió a hacer la camiseta más ancha, las rayas más rojas. Por sus jugadores, todos sus jugadores. Otra vez, otra más. Porque su equipo logró el imposible, ganarle al Liverpool los primeros 90 minutos de esta eliminación en otra noche como afectados de emoción pura, de lucha, de entrega. Noche atlética. Y el equipo caminando por su senda favorita. La de la heroica. ¿Quién dijo imposible? Así encara Anfield.
Cambios
Marcos Llorente (45 ', Lemar), Divock Origi (45', Mane), Vitolo (69 ', Morata ), Oxlade-Chamberlain (72 ', Salah), Diego Costa (76', Correa), Milner (79 ', Henderson)
Tarjetas
Arbitro: Szymon Marciniak
Arbitro VAR: Pawel Gil
Mane (39 ', Amarilla) Correa (44', Amarilla) Joe Gomez ( 58 ', Amarilla
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