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Hay, en política, algo peor que equivocarse: hacer el ridículo. Es lo que ha hecho el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlasca al cesar como jefe de la Comandancia de Madrid al coronel Diego Pérez de los Cobos, dando la manida explicación de «falta de confianza», cuando todo el mundo sabe que se debe al informe que la juez Carmen Rodríguez Medel pidió al coronel sobre la manifestación del 8 de marzo, autorizada por el delegado de Gobierno en Madrid, José Manuel Franco, pese al riesgo de contagio, que se materializó en dispararse los casos a partir de entonces. El primer ridículo de Grande-Marlasca fue no caer, él, todo un magistrado de la Audiencia Nacional, en que la Guardia Civil actúa
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