Por: Francisco Sevilla
PUERTO LEMPIRA, Gracias a Dios. En La Mosquitia, una extensa y abandonada región hondureña enclavada en la costa del Caribe, la pesca de langostas por buceo es la mejor salida para los jóvenes.
Motivados por la necesidad de agenciarse el pan de cada día, sus habitantes pasan varias horas bajo el agua, muchas más de las recomendadas, por los que cientos de ellos se han convertido en víctimas del síndrome de descompresión. Esta temible enfermedad puede causar parálisis o incluso la muerte.
A esta empobrecida zona, donde convergen indígenas misquitos, Tawahkas, Garífunas, Pech y ladinos, solamente es posible llegar por la vía acuática y aérea, ya que no hay comunicación terrestre.

ALUCINAN CON SIRENAS
Entre la población y los buzos misquitos existe la creencia de que ver una sirena es la señal innegable de que han contraído el peligroso síndrome.
Sin embargo, el ciudadano Saúl Ronaldo Atiliano, después de las experiencias vividas, ahora sospecha que “ese mito no es más que una leyenda pregonada y extendida entre las comunidades misquitas”.
Una mañana de septiembre, mientras buceaba en las aguas transparentes del Caribe hondureño, Atiliano sintió una presión, un dolor en el cuerpo que lo obligó a regresar a la superficie. Cuando logró subirse al bote, le dolía el cuello, la espalda y los brazos. Pero recuerda que nunca vio una sirena a su alrededor.

“Me atacó la presión en el fondo del agua”, recuerda el misquito de 45 años, quien por 25 años se ha dedicado a la pesca por buceo, de langosta y pepino de mar.
Como él, miles de jóvenes y adultos han hecho de ese oficio su forma de sobrevivencia en La Mosquitia, una vasta región montañosa compartida por Honduras y Nicaragua.
Cientos de pescadores han sido víctimas del síndrome que Atiliano describe como “un ataque de presión”, un padecimiento por el que se forman burbujas de nitrógeno en el cuerpo de los buzos, lo que les paraliza las extremidades y en el peor de los casos, les causa la muerte.

ZONA DESAMPARADA
Con más del 60 por ciento de sus nueve millones de habitantes viviendo en la pobreza, Honduras es uno de los países más azotados por ese flagelo en América Latina. Y La Mosquitia es una de las áreas aún más desamparadas.
Entre la vegetación tropical de la costa del Caribe, la vasta zona indígena está salpicada de pequeñas aldeas pesqueras, donde los indígenas viven en casas de madera y techos de láminas de zinc.
En los patios, los niños muestran su ingenio al jugar con “camioncitos” elaborados con botellas de plástico. Otros usan como “carros” las sillas de ruedas de los buzos enfermos.
En La Mosquitia, el buceo es parte de la vida cotidiana.
Para el caso, en la aldea pesquera de Kaukira, los fieles son llamados a misa con el sonido de un martillo que golpea un tanque de oxígeno vacío, en lugar de una campana.

Según las técnicas de buceo, se debe ascender a la superficie de manera gradual para eliminar el nitrógeno que los tejidos del cuerpo absorben durante la inmersión.
Dependiendo de la profundidad, es necesario hacer distintas pausas antes de llegar a la superficie. También se debe limitar el número de descensos que hace una persona al día.
Pero entre los buzos de La Mosquitia sólo existe el subir y bajar, tan profundo y rápido como sea posible, todo con tal de conseguir la mayor cantidad de langosta, un codiciado producto de exportación, sobre todo hacia Estados Unidos de América.
Los botes, donde pasan días jugando cartas o charlando entre amigos, cuando no están buceando, suelen tener equipo de seguridad rudimentario y utilizan tanques y máscaras gastadas por los años.
No es claro cuántos se han visto afectados por el síndrome, pero todos coinciden en que es un gran número para esas pequeñas comunidades.

MÁS DE MIL LISIADOS
El expresidente de la Asociación de Misquitos Hondureños de Buzos Lisiados, Jorge Gómez Santos, dijo que al menos 2,200 misquitos trabajan actualmente en los botes, y que desde 1980 al menos 1,300 han quedado afectados por el síndrome de descompresión.
Gómez, quien usa una silla de ruedas para moverse, dijo que sólo en 2018 han muerto 14 buzos.
En un estudio de hace más de una década, citado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se reportó que había alrededor de 9,000 buzos en la región de La Mosquitia, y que cerca de 4,200, es decir, el 47 por ciento, estaban lisiados por el síndrome.
| INGRESOS $3 por libra de langosta |
Un buzo recibe 75 lempiras (tres dólares) por una libra de langosta y unos siete lempiras (28 centavos de dólar) por cada pepino de mar, así que le apuestan sobre todo a la langosta.
El informante amplió que cada buzo pesca un promedio de 10 libras al día, sin importar que algún día se vean afectados por la temible enfermedad, que ya diezma a un considerable sector de la población misquita. |
| FISIOTERAPEUTA “Aún enfermos, vuelven al mar” |
![]() A las personas que sufren el síndrome de descompresión, se les recomienda una terapia en una cámara hiperbárica, donde los pacientes respiran más oxígeno del que podrían respirar bajo la presión normal del aire, con el propósito de restaurar los tejidos. Cada minuto que pasa, desde el momento que un buzo sufre la enfermedad, vale oro. Sin embargo, en la mayoría de casos, los pacientes llegan 24 o 48 horas más tarde desde el primer síntoma de mareo o parálisis que siente el paciente. Las distancias son largas y los barcos pesqueros no disponen de lanchas con motores robustos para llegar rápido a Puerto Lempira. Según Cedrack Waldan Mendoza, el fisioterapeuta que opera la cámara hiperbárica donde se tratan los buzos, la difícil situación económica de estos trabajadores del mar no ayuda a combatir el problema. “Algunos, así como están, regresan al buceo; uno se los encuentra en la calle y les pregunta por qué van, y ellos responden porque sus hijos tienen hambre”, cuenta. “Cuando a uno le dicen que los hijos tienen hambre, entonces para qué hacer una segunda pregunta, eso da pesar”, reflexiona Mendoza. |
| DATOS |
| Según datos del gobierno de Honduras, la pesca del crustáceo le significó 40 millones de dólares en divisas, en el año 2017. Prácticamente, la totalidad de las ventas son para el mercado de Estados Unidos.
Los buzos son el eslabón más vulnerable y vital del engranaje que hace funcionar la industria de la langosta y, lógicamente, los menos beneficiados, pues apenas ganan un salario raquítico para sobrevivir con su familia. |
Un buzo recibe 75 lempiras (tres dólares) por una libra de langosta y unos siete lempiras (28 centavos de dólar) por cada pepino de mar, así que le apuestan sobre todo a la langosta.

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