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Lo benéfico de Miguel Angel Revilla es que enseguida te regala un pícnic. Eso sí. Te coloca un pregón, pero también un pícnic. La otra mañana, fomentó un plató de promoción donde él se vacunaba, pero a la salida del sitio tenía un pícnic de hosteleros crispados, que saludaron las decisiones sostenidas de cierre de los bares en la zona al grito de «Viva Ayuso». De manera que le tumbaron a Revilla el ‘spot’ de líder que prueba el culín de Pfizer, ante la afición, como el que se atiza un tinto del norte. No estaban previstos los insurgentes en la mañana histórica, aunque pudiera sospecharse la protesta, ante la alegría con que Revilla se promueve, y tampoco estaba prevista
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