Gerard Piqué (2-2-1987) puede ver el vaso medio vacío o medio lleno. Si se pone negativo, podrá pensar que el parón por la pandemia le cogió en su mejor momento de la temporada, después de dos partidazos en el Clásico y ante la Real, donde solo el VAR y él detectaron la mano de Le Normand (él fue quien pidió la Martínez Munuera). También puedes quejarse de que a jugadores más altos y pesados como él, y ya veteranos, les cuesta coger más la forma. De ahí su petición a Tebas de retrasar un poco más el comienzo de la competición.
Pero si Piqué decide ver el vaso lleno, podrá felicitarse de que, al fin, estará ante una competición en la que puede motivar desde el principio. El central catalán siempre ha admitido que la cuesta encontrar objetivos en los inicios de temporada y que, solo cuando olisquea los títulos, activa las luces de alarma. Esta vez no se podrá despistar. Al Barça le quedan una vez finales.
Ha sido una temporada extraña para Piqué. En 25 partidos de Liga le han sacado una vez tarjetas amarillas, una rara avis en un central de guante blanco, aunque la imagen más simbólica se vio en el partido de Copa de San Mamés, arrastrándose detrás de esas piernas imponentes de Iñaki Williams . Aquellos supuestos síntomas de decadencia de Bilbao se descubrieron, sin embargo, equivocados.
El principio de temporada no era un Piqué despistado. Era un Piqué cansado. Daba muestras de ello en algún partido. Lo que resultó más difícil de detectar eran las causas. Si tenía que ver con la falta de forma física del jugador, especialmente activo por el éxito del nuevo formato de Copa Davis o, como podría otras veces, por la cantidad de veces en las que hizo de bombero para apagar los fuegos que encendían otros compañeros . Una vez que las tarjetas en 25 partidos, no obstante, es una cantidad excesiva para este central de guante blanco.
Con un perfil bajísimo en redes sociales durante todo el confinamiento, tal vez guardando los petardos para la traca final, si algo puede fácilmente Piqué es que, como su coetáneo Messi, es un competidor voraz. Sólo ha marcado un gol esta temporada. En el Clásico un cabezazo relativamente sencillo para él se le fue a las nubes. Todavía deben tenerlo guardado. Nueve Ligas de doce. Eso es lo que le ronda la cabeza estos días, más que cualquier pelota de tenis.

Deja un comentario