Carmen de Carlos: Bolivia vota

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Carmen de Carlos

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La presidenta de Bolivia, Jeanine Áñez, parece no entender que su candidatura a las elecciones la elección, inevitablemente, en diana de las críticas del resto de los candidatos. Sucede por razones obvias. La primera, que faltó a su palabra de no presentarse cuando reemplazó a Evo Morales en aquella sesión, resolutiva pero surrealista, de auto investidura y la segunda, porque desde que se traicionó a mi misma, pasó a ser una competencia más en las urnas.

Los sondeos, antes del asalto del Covid-19 al país más pobre de Sudamérica, sonreían a Áñez de cara a un balotaje, pero la pandemia parece haber frenado ese frenesí por la mujer que supo utilizar, un resquicio legal, para instalar en el Palacio Quemado y recuperar la calma en Bolivia, tras semanas de furia y desmanes en las calles por el pucherazo de Evo Morales.

El consenso de los partidos políticos que el Tribunal Supremo Electoral, el acuerdo común con ellos, la convocatoria de elecciones para el 6 de septiembre. El MAS (Movimiento Al Socialismo), favorito para la primera vuelta –y previsible derrotado en la segunda–, aceptó pese a sentirse condenado por la huida de su líder como consecuencia de lo que considera un golpe encubierto. También a Comunidad Ciudadana, el partido de Carlos Mesa, el verdadero perjudicado con el fraude en las urnas de octubre, el afectado bien la convocatoria de septiembre. La misma opinión tuvo el resto de los partidos a la espera de la presidenta promulgará la ley acordada.

Pero Añez se resistió, hasta el lunes, puso el sello final a la carta electoral. «Quiero pedir al señor Evo Morales, al señor Luis Arce Catacora y al señor Carlos Mesa, que asuman con valentía la responsabilidad que tienen al tener exigido con tanta insistencia que hagamos elecciones en plena pandemia», se desquitó. Las reacciones fueron inmediatas: «Si realmente su opinión estructural, su opinión de carácter ético y de carácter médico es que la elección no tendrá que producirse el 6 de septiembre, pues no promulgaba la ley. Tan simple como eso », le reprochó Mesa. Dicho de otro modo, con nosotros no se juega y que cada palo aguante su vela.

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