
Es difícil no recordar con nostalgia esos maravillosos veranos de tardes en bicicleta, siestas sombreadas bajo los árboles, paseos con el abuelo entre cultivos o baños en el río con el tañido de las campañas de fondo. Castilla-La Mancha contiene la esencia de este tipo de viajes y esconde, además, un apasionante recorrido por su patrimonio histórico y artístico. Pinturas rupestres, ciudades donde lucharon y convivieron las tres culturas, artesanías centenarias y molinos quijotescos sobre un mar de tierra y trigo son algunas de las citas imprescindibles para disfrutar de este viaje en el tiempo.
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