descafeinando la “ciencia ficción” de Netflix

Dos largos años le ha supuesto volver con una segunda temporada a Altered Carbon (Laeta Kalogridis, desde 2018) la serie de ciencia ficción más ambiciosa de Netflix que adapta con mucho tino la novela negro del mismo nombre escrito por el británico Richard K. Morgan (2002). Si antes de este proyecto se había lucido con las guiones de Alejandro Magno (Oliver Stone, 2004) o Shutter Island (Martin Scorsese, 2010) y se había defendido bien con el de Terminator: Génesis (Alan Taylor, 2015), la cineasta hizo esto último en el de Alita: Ángel de combate (Robert Rodríguez, 2018) tras la primera temporada de la serie.

Anthony Mackie es Takeshi Kovacs, en su cuarta colaboración con Netflix tras IO Black Mirror y Punto en blanco: Cuenta atrás (2019)

Con ella regresa el futurismo decadente y ciberpunk a lo Blade Runner (Ridley Scott y Denis Villeneuve, 1982, 2017) y el monólogo existencialista del ru antihéroe Takeshi Kovacs, quien no encarna Joel Kinnaman ( Castillo de Naipes ) sino Anthony Mackie ( Million Dollar Baby ), más conocido por su papel de Sam Wilson en el Universo Cinematográfico de Maravilla. Y se trata de la cuarta vez que este actor participa en una obra de Netflix tras el filme IO (Jonathan Helpert, 2019), el episodio “Striking Vipers” (5×01) de Black Mirror (Charlie Brooker, desde 2011) y la película Point Blank: Cuenta atrás (Joe Lynch, 2019).

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Netflix [19659007] En varios episodios hay regalitos para la audiencia que se ciscan en la distancia y el paso del tiempo

Este ciclo comienza con una sorpresa muy agradable en “Phantom Lady” (2×01), y pronto desgrana varios giros y un cierre en El que la sorpresa no es cosa menor. Y, entre las páginas de las guiones de “Pago diferido” (2×02), “Callejón de la pesadilla” (2×03), “Sombra de una duda” (2×04), “I Wake Up Screaming” (2×05) y “Broken Angels” ( 2×08), hay regalitos para la audiencia que se ciscan en la distancia y el paso del tiempo. Kalogridis y sus nueve escritores se las apañan para unir con total coherencia los cabos sueltos de la temporada anterior y construir un misterio diferente ; según la segunda novela de Morgan, claro.

Pero también hay cabida para la emoción entre tanto enfrentamiento físico y verbal, y no hablamos de la motivación del protagonista consistente en reunirse de nuevo con su amada en una Odisea homérica inversa. Y el personaje con el arco argumental más conmovedor, sin duda alguna, el de Poe (Chris Conner) un arco que nos afecta por la humanización de una inteligencia artificial con algo propio del Alzheimer —comprensible para las familias de ancianos enfermos, y que, en parte, deriva además de la era el más emotivo de la otra temporada: el suyo con Lizzie Elliot (Ley de Hayley), atrapada en un bucle perverso de locura.

Su puesta en escena y su planificación visual siguen siendo muy compatibles pero ha perdido cierta potencia, y ello redunda en el impacto que produce en los espectadores. Así, las emociones fuertes que antes nos ofrecieron no lo son tanto ya, y no se trata de lo único en lo que podemos ver a sus responsables algo tacaños: la violencia obcecada de coreografía y mucha sangre ha ido a menos también, igual que el humor sarcástico y la mala leche, que aquí brillan por su ausencia en todo momento. E incluso la ambientación no resulta tan imaginativa como antes. Parece que Altered Carbon se haya aburguesado un poco.

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Netflix

A los actores no se les debe culpar de nada, ni a los habituales Chris Conner ( American Crime Story ), que encarna al ya mencionado Poe, o Renée Elise Goldsberry ( The Good Wife ) como Quellcrist Falconer ni a las nuevas incorporaciones mar Anthony Mackie y su flamante Takeshi Kovacs, Simone Missick ( Luke Cage ) en la piel de Trepp, Lela Loren ( The Shield ) como Danica Harlan , Torben Liebrecht ( Operation Finale ) interpretando al coronel Iván Carrera, Dina Shihabi ( Jack Ryan ) como Sitio 301 o James Saito ( Canción de Nueva York ) de Tanaseda Hideki.

Tal vez otra de las circunstancias por las que el conjunto se resiente bastante radical en el personaje protagónico y no es ningún antihéroe : al Kovacs de Joel Kinnaman no se le puede definir más que como un individuo desconsiderado y brutal, con su drama interior pero cuya simpatía residía en su mala uva; pero el de Mackie es un héroe con todas las letras, rudo pero mucho más blandito emocionalmente y en cualquier otro aspecto, y así le abandonamos gran parte de su pasado atractivo. Y de esta manera incomprensible han descafeinado la serie de ciencia ficción más ambiciosa de Netflix .

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