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El experimento de la cárcel de Stanford
La psiquiatría social ha pretendido demostrar el comportamiento de las masas a partir de la obediencia automática; y tal como sugirió Stanley Milgram, en Yale en 1961, la mayoría de las personas terminarán por obedecer una orden emanada de la autoridad, aun cuando esta se oponga a la conciencia individual. Para poner un ejemplo, frecuentemente los militares insisten en que actuaron de tal forma, porque alguien se los perjudica. Ese fue el argumento principal en los juicios de Núremberg y ha sido la excusa que la mayoría arguye, cuando son acusados de un mal proceder.
El concepto de la objeción de conciencia pocas veces se emplea y, por el contrario, delante de acciones totalmente deplorables, la argumentación del cumplimiento de una orden es otra vez invocada.
En 1971, Philip Zimbardo consideró que más allá de la obediencia automática, el Ser Humano común, si desconociera las leyes y se le permitiera actuar con el único aliciente de conseguir lo que quisiera por la fuerza, y sin consecuencias penales, se terminaría convirtiendo en un autentico monstruo. Los resultados de su tesis las incluyeron bajo el título de “el experimento de la cárcel de Stanford”, que clásicamente también se llamó “el efecto lucifer”.
Se ha dicho que la conclusión demuestra la impresionabilidad y la obediencia de la gente cuando se le proporciona una ideología legitimadora y el apoyo institucional. Resultado que también fue empleado para ilustrar el poder que tiene la autoridad. Dicho en palabras llanas, según estas conclusiones, si un policía, por ejemplo, o un soldado común, tiene carta blanca y las autoridades institucionales le apoyan y no ponen un límite, pronto perderá la legitimidad y empezará a superarse en sus acciones, hasta cometer verdaderos abusos, llegando al crimen, si no se le pone un alto.
Lo anterior explica por qué los nazis cometieron tales violaciones de lesa humanidad, durante la Segunda Guerra Mundial; o por qué hicieron luego lo mismo los serbios, en Srebrenica; o los rusos de Stalin contra Ucrania, en donde mataron a millones de hambre. Pero desafortunadamente también explica, todavía en una proporción claramente menor, pero de forma creciente, lo que está pasando en El Salvador, en donde un inconstitucional “estado de excepción” parece haberle dado al presidente ya su guardia licencia para matar, sin ningún límite, y siempre protegido por un recurso de judicatura desde una Corte espuria, con jueces compradores y sin fiscal independiente.
Por supuesto, el único rebuzno de los seguidores del régimen, rebuzno digo, porque no es argumento, es que cualquiera que vea y denuncie la fechoría del tirano, o de sus esbirros, es porque quiere defender a las pandillas. Absurdo remedo de prueba, porque claramente el gobierno que según “El Faro” había pactado con las maras, a este momento continúa impidiendo la extradición de los cabecillas, que requiere la justicia estadounidense. pretendiendo combatir el fuego con más fuego, sin entender (o no queriendo admitirlo) que los abusos de autoridad son lo frecuentes, y que no pueden convertir el país en un Estado carcelario, en donde ya nadie esté seguro. Y en donde los ciudadanos comunes no solo deban preocuparse por las pandillas, sino además, por una policía que ya perdió la razón y que se ha convertido en un ente represivo y que sin límites puede detener a cualquiera, acusarlo de cualquier cosa, y perder el expediente en el camino, sin nadie que le detenga.
La ley debe servir como base del contrato social, que nos permite a todos sabernos protegidos. Pero cuando el desenfreno se convierte en norma, y el régimen ya no tiene límites; cuando los gobernantes creen estar sobre la más elemental pauta de convivencia, y piensan que tienen la autoridad para aplastar a los gobernados, entonces no les dejan a estos otro camino que el de la desobediencia y, si todas las garantías se acaban, y lo excepcional ahora es el derecho, estarán sembrando vientos, de los que pronto cosecharán tempestades.
Que Dios no permita que estos malos hijos de la patria, que hoy desgobiernan la agonizante República, obliguen al Pueblo a una nueva guerra fratricida.
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