Hacia la recuperación de las muertes perdidas

Written by

in

,


Si alguna vez fue fanático de películas como Buck Rogers o Regreso al futuro, clásicos del cine de los años 80-90, haber notado que, para sus guionistas, fechas como 2020 eran épocas donde las tecnologías estaban adelantadísimas, y nuestras vidas cotidianas muy diferentes a la realidad que nos rodea.

Puede que dentro del mundo cibernético y en lo que respete al comercio electrónico, hayamos crecido a pasos agigantados, sin embargo, en lo cotidiano nos quedamos en la época de piedra. Y es que ninguno de esos guionistas tendrá en cuenta la idiosincrasia, cultura y educación de los pueblos, en especial los latinos. Factores clave que una sociedad necesita para ser necesarias de “primer mundo” o “avanzada”.

El Fondo Monetario Internacional estima que Latinoamérica experimentará una contracción económica y una demoledora caída del PIB de un 5,2%, con un crecimiento de tan solo 1,8%.

Antes decíamos que si Estados Unidos estornudaba, Latinoamérica le daba quejarse; ahora podemos decir lo mismo de China o Japón, ya tenemos una fuerte dependencia de las materias primas de estos países y sus tecnologías.

La pregunta del millón es: ¿cuándo vamos a dejar de depender tanto de otros para hacernos un sitio de honor en la historia de la humanidad por nuestros avances comerciales, culturales, digitales, educativos, económicos y sociales? … ¿Hay avances? ¡Si! Pero muy pocos y a paso lento.

Cuánta envidia me da ver que las universidades de otros países son fuentes de innovación, colaboración y exploración. De estas instituciones salen vacunas, nuevas tecnologías y hasta son fuentes seguras de ingresos para sus catedráticos, y estos pueden vivir cómodamente con los salarios que reciben. En la región latina es rarísimo verlo, en especial en lo que respeta a los salarios.

Desde que comenzó el año 2000, como región pudimos haber hecho mucho más y, en algunos aspectos, hemos perdido dos décadas completas. Si hablamos con la mano en el corazón, el latinoamericano es muy recursivo y creativo, pero estos talentos están en su mayoría mal enfocados. La corrupción es más grande, las brechas sociales cada vez son más abismales, y ni hablar de nuestros sistemas educativos. ¿Que Paso?

Por estos lares vemos el fracaso como un estigma. Es duramente criticado y hasta castigado por el entorno, y no lo veo como una oportunidad para aprender y crecer. Muy por el contrario, es la carta ideal que usan algunos para cerrar las puertas.

En muchos casos, quienes se aventuran a ser emprendedores, visionarios en solitario e innovadores, para que sean exitosos por el mundo deben mostrar el grosor de sus carteras y, de no tener los kilómetros de dólares que la sociedad pide o tener un estatus determinado a cierta edad, los tachan de fracasados.

Como sociedad necesitamos reemplazar el futuro, más ahora que el nuevo coronavirus se encargó de borrarlo y nos regaló otra realidad. Así que, permítame compartirle algunos conceptos que tenemos que trabajar para recuperar estas décadas perdidas.

Tengamos más fe en el talento y no en la cartera

Existen inversionistas que están dispuestos a dar grandes sumas de dinero a emprendedores, siempre y cuando tengan garantizado su retorno de inversión. ¡Dejemos ese pensamiento a un lado!

La ganancia vendrá cuando primero logremos crear bases seguras. Hay que tener más fe en el talento humano y en sus propuestas, que en las carteras.

Sabe usted, amigo lector, ¿por qué Henry Ford detectó “Ford T” a su modelo más famoso? Porque es un homenaje a los fracasos que tuvo con el Ford A, B, C, D, F … hasta que llegó al T. Imagine, ¿qué habría pasado si un banco o un inversor le habría retirado su ayuda en el tercer intento?

Apoyemos la cultura, educación e innovación

Si en Latinoamérica decimos que queremos ser músicos, escritores, actores o pintorescos, algunos padres se azotan en una plaza pública. Sin embargo, la cultura se transmite a través de la familia, y cuando esta institución deja de funcionar de manera adecuada, el resultado es un impedimento social.

Comencemos por apostar a favor de los movimientos culturales, una educación de primera y la innovación constante; empecemos a visitar los teatros, museos, librerías o bibliotecas. Desarrollemos incentivos para quienes se dedican a las artes.

Comencemos a ver fuera de la ciudad, porque ahí existe una cultura noble, antigua e insobornable, si perdemos nuestra identidad y no sabemos de dónde venimos, no sabemos a dónde vamos.

Innovemos en otras áreas

Las universidades y el mercado tienen carreras saturadas, sin embargo, existen otras que nadie quiere explorar porque “no dan plata”.

La realidad es que mientras más saturada esté una carrera, más difícil será destacar en ella y percibir ingresos.

Se necesita más carreras técnicas y enfocadas al servicio al cliente, porque no todo se hace con un robot. A veces hace más dinero un técnico con un destornillador que un magíster con una computadora portátil.

Duro, ¡pero real! Perdamos el miedo al fracaso

Créalo o no, ¡el fracaso no existe !, salvo cuando dejamos de esforzarnos.

En todos los intentos fallidos, Tomás Edison creó la bomba también descubrió cómo no tuvieron que hacerla.

El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia.

Concluyo con una frase de mi escritor favorito Charles Dickens: “Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesita aprender”.

El autor es publicista y profesor universitario.

.

Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *