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Por el escotillón de la Peste se nos ha ido Lucía Bosé, que no es manera de irse para nadie.
-Morir es algo horrible -concede Santayana-, igual que haber nacido es algo ridículo, con lo cual, aunque entrar y salir de este mundo no incluyera ningún dolor, podríamos aún decir lo que sobre ello dice la Francesca de Dante: «Il modo ancor m’offende».
La manera es lo que estremece.
A Lucía, que vivió para los ángeles, la conocí por Olano, que fue un espíritu burlón y su ángel gordo y que la frecuentó en la Costa Azul con Picasso, a quien abastecía de percebes coruñeses de veinticinco uñas, lo cual no quitó para que luego le prohibiera su libro «Picasso
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