
No es cierto que la paz se haya firmado el 16 de enero del 92; seguimos en guerra, qué yuca. No es cierto que las balas terminaron de sonar, en la misma fecha; solo el finde pasado, más de 50 homicidios, tragedia sobre tragedia.
No gozaremos una auténtica paz mientras no se ataque el maravirus desde la raíz; mientras siga la difamación y calumnia entre poderes de Estado; entre trolls y necios; entre tanto anónimo goliero.
La jayanada de la semana, nuestro presidente acusando de gatas angoras (“solo para conocedores”) a los que cuestionamos dónde está. “Gatas angoras que cuando se la meten chillan, y cuando se la sacan lloran”, conocedora la lorita Pepita.
¿Por qué seremos tan jayanes? Que la Lotería de Atiquizaya, la niña Lilian, la Tenchis, la MamaDora, la Choly (comisionado de Bukele para la Juventud); ¡con razón!
¿Por qué seremos tan golieros?
Porque somos descendientes del indio Atlacatl, dolor de cabeza de Pedro de Alvarado. Porque tenemos sangre caliente que hirvió contra Honduras en el 69. Cien horas nos dimos riata.
Somos golieros, porque 12 años nos matamos entre hermanos y, 28 años más tarde, nos seguimos dando riata, en vez de unirnos contra el enemigo.
Somos golieros, porque a ¼ parte de la población le ha tocado buscar grama más verde al otro lado del muro. Toda una descomposición social, llena de hogares disfuncionales, maras, narcos, política autoritaria, violación de derechos, y hasta la represión del ejército; ¡con razón!
Como que ser jayán y goliero es nuestra válvula de escape ante tanta adversidad y muerte, que ahora nos baila burlona, al son del coronavirus y los mareros.
Jayanes y golieros, por la perpetua crisis política, ahora en turbo, activada por un peor virus, #bukeledictador. “Twitter mío que estás en el cielo”, reza la lorita con la cachucha al revés.
De repente, en Twitter, el aspirante a dictador en nave espacial; ja ja ja, cómo nos distrae de la cruda realidad, y arde la batalla campal entre pagados, simpatizantes, desilusionados, y contrincantes.
Más leña al circo con la gata angora, que alborota a jayanes y golieros; si hasta bala nos ofrece un Atlacatl de nombre gringo. ¡Qué bien te vendría liberar tanto veneno de tu corazón, Walter!
No, señores; no estamos para circo, ¡nos urge el pan!, urge repatriar a los #varados.sv; urge bioseguridad garantizada a personal médico; urge rendir cuentas formales, por tantos miles de millones; definir prioridades para evitar El Chaparral 2, La Unión 3, y seguir contando elefantes blancos; urge la apertura paulatina de la economía.
Qué alivio sentí al ver a los empresarios sentados junto al gobierno, delineando parte de la receta para arrancar. Qué bajón sentí al no ver a Bukele en la mesa, por estar aterrizando su platillo volador sobre su escritorio King size.
Los salvadoreños necesitamos bajarle rayitas a lo jayán y goliero; dejar de distraernos de lo que apremia; dar la cara, dialogar en busca de entendimientos; buscar una salida que acolchone el impacto de la maldición que nos abate.
No es paja, se vienen tiempos peludos; el hambre ya enseña sus pezuñas; picos de desempleo, asaltos y probables saqueos; caída de remesas (ojalá no tan de pique como la del petróleo), subida de impuestos. ¡Escuchemos el SOS de nuestra tierra!
Los salvadoreños también necesitamos fumar la pipa de la Paz, y ponernos a trabajar, y a cosechar, para arrancar el Cherito, aunque sea en bajada, y así evitar que el azul y blanco no se convierta en negro.
Deja un comentario