La epidemia de coronavirus que ha terminado ya con la vida de más de 2.000 personas, la mayoría de ellas en la provincia china de Hubei está teniendo graves consecuencias en un nivel sanitario, pero también en otros aspectos , como la economía. No hay más que ver las pérdidas que ha supuesto la cancelación del MWC en Barcelona a más de 9,000 kilómetros del epicentro del problema. Lógicamente, China, así como otros países asiáticos, son los que han experimentado las peores consecuencias; que, de algún modo, también algunas veces al resto del mundo, por ser estas naciones grandes exportadoras de todo tipo de productos a nivel global.
Pero ese parón en la producción eléctrica por COVID- 19 también tiene una parte positiva. Al menos a nivel ambiental. Es la conclusión de un estudio, llevado a cabo por científicos del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA) de Finlandia y publicado en Carbon Brief . En él, se muestra cómo la epidemia ha contribuido de este modo a que se genere una brusca caída de las descargas contaminantes . Por desgracia, los expertos apuntan a que se trata de una disminución temporal y que, muy posiblemente, se recuperará una vez finalizada la alarma sanitaria.
La cara afable del coronavirus
Habitualmente, las emisiones de origen industrial en China caen a finales de enero, con motivo de las vacaciones del año nuevo chino . Sin embargo, estas vuelven a la normalidad una vez superado este período.
Esto ha propiciado las tarifas operativas de la refinería de petróleo ubicada en la provincia de Shandong caigan a sus cifras más bajas desde 2015. Además, los niveles de producción en los sectores industriales más potentes del país asiático se han reducido entre un 15% y un 40% . Incluso las restricciones de vuelos dentro de China han tenido su parte positiva, pues estos han caído en hasta un 70% reduciendo así también las emisiones que han generado.
En total, esto parece haber contribuido a que la liberación de dióxido de nitrógeno un potente gas de efecto invernadero, ha disminuido un 36% con respecto al mismo período del año pasado que la de dióxido de carbono se merme hasta una cuarta parte, lo cual se traduce en una reducción de al menos 100 millones de toneladas métricas en las últimas dos semanas.
Todo esto, teniendo en cuenta que China es un gigante industrial, con las mayores tasas de consumo e importación de petróleo del mundo supone un agradable respiro para el medio ambiente.
Pero, por desgracia, no es definitivo, pues es más que probable que, una vez superada la crisis del coronavirus, tenga lugar una maximización en la producción de las fábricas para compensar las pérdidas, que devolver las emisiones contaminantes a su situación anterior. Al menos, hasta que eso ocurrió, los chinos respiran un aire un poco más limpio.
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