
La aprobación de un salario mínimo reduce el número de presos. Si la frase le parece demagógica, antes incluso de saber que no es una propuesta política, es probable que usted se sienta cómodamente representado por el consenso y la retórica de mano dura que ha llevado la tasa de encarcelamiento española muy por encima de la media europea. Si usted es británico, quizá sepa que la relación entre el salario mínimo y la disminución del crimen se constató empíricamente en ese país en 2002 (aunque allí también laboristas y conservadores siguieron apostando por la mano dura). Pero si antes de pronunciarse se ha preguntado cuánto cuesta mantener a un preso —en España, 2.000 euros al mes—, quizá sea usted holandés.
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