IRA es lo que tienen estos pueblos cuando esas burocracias internacionales están escondidas detrás de sus iniciales, en vez de actuar, de mandar a las naciones angustiadas los insumos, en las cantidades específicas, que se ocupan, de asistir estos países en su calamidad como Dios manda en lo que gastan tiempo es difundiendo advertencias. Haciendo informes sobre lo obvio –ladrillos de papeles sobre papeles– se lucen esos burócratas bien pagados. Mientras tengan elaboración de informes en que entretenerse, no habrá recorte de la burocracia en esos elefantes multilaterales que, a lo sumo, han evidenciado un pobre desempeño reaccionando a la emergencia. “Latinoamérica, la región del mundo más afectada por la pandemia del coronavirus, no podrá reactivar su economía si no logra frenar los contagios, advirtieron la CEPAL y la OPS. Dos iniciales unidas en la elaboración de otro informe. Un rosario de palabras –como para rezar novenarios– una falta de acciones concretas.
Parecidos esos tamagases a los menajes de preocupación de organismos mundiales y hemisféricos –cuando lo que urge es que actúen no que renieguen– como si la preocupación necesaria bálsamo que mitiga el daño que se sufre o remedio para curar la endemoniada enfermedad. La secretaria ejecutiva de la CEPAL, como la directora de la OPS, subrayó “que sin salud no hay economía que funcione”. “Los países deben evitar pensar que deben elegir entre reabrir las amenazas y proteger la salud y el bienestar de sus pueblos. Esto, de hecho, es una elección falsa ”. Perfecto Una conclusión oportuna y hasta aceptable. ¿Entonces, cuándo mandan los fármacos recién salidos de los laboratorios que operan para ralentizar los síntomas del coronavirus que han sido acaparados por los que se reparten con la cuchara grande? Si bien el rompimiento de Washington con la OMS –acusándola de mala gestión de la pandemia– le ha merecido la crítica de sus aliados, la salida de uno de los socios gigantes debió de provocar en la burocracia una revisión profunda de sus fallas. Ante el riesgo inminente de acaparamiento de los fármacos y de las vacunas, por parte de los gorrones, en detrimento de los pintorescos paisajes de acabados, instar a un replanteamiento coordinado a nivel internacional para evitar que suceda. Que no solo los ricos y afortunados tengan la posibilidad de adquirir los medicamentos –como le dijo en su misiva la embajadora hondureña al Secretario General de la ONU– sino, con igual derecho, los desafortunados. Otro artículo, este de Thomas J. Bollyky y Chad P. Bown, “La tragedia del nacionalismo en las vacunas”, publicado en el portal “Foreign Affairs”, explica lo que está ocurriendo y adelantando las complicaciones para que haya una distribución equitativa de la vacuna
Comenzando que no todas son igualmente efectivas, más bien algunas pueden acarrear consecuencias adversas. Para que esto no ocurra requerirá –explica– “del liderazgo efectivo de las naciones productoras de la vacuna e idealmente de los Estados Unidos”. Bien puede ser la necesidad de ese tipo de cooperación marítima donde la mula bota a Genaro. Delata la conducta que ya es evidente: “Es muy probable que los líderes de todo el mundo recurran a” enfoques miopes “,” primero mi país “, para gestionar su producción y distribución con resultados desastrosos”. “En ausencia de un compromiso internacional y exigible para distribuir las vacunas a nivel mundial de una manera equitativa y racional, los líderes priorizarán el cuidado de sus propias poblaciones en el lugar de frenar la propagación de COVID-19 en otros lugares”. Recalca que ese acaparamiento no es nada nuevo. Sucedió cuando golpeó la peste porcina que mató unas 284 mil almas, y a los 7 meses sacaron una vacuna. Los países ricos compraron prácticamente toda la oferta disponible. “Cuando la OMS solicitó donaciones, Australia, Canadá y Estados Unidos, más otras 6 naciones, accedió a compartir un 10% de su inventario con los países pobres, pero solo después de depender del proveedor de su necesidad doméstica antes de soltar el remanente”. Así las cosas, a todas esas iniciales que sirven de escudo a la falta de creatividad e ineptitud demostrada hasta ahora por la burocracia internacional frente a esta crisis –todavía tienen tiempo de reclamar el poco prestigio que aún les queda– les proponemos una sola palabra, para que la agreguen al diccionario: SOLIDARIDAD.

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