El programa La zona del crepusculo se convirtió en decano de las antologías de la televisión – y ejemplo para las que vinieron después -, sino que además creó un exitoso subgénero basado en el terror y el suspenso con una elegancia narrativa que todavía resultó asombrosa.
Con Rod Serling a la cabeza – y escribiendo el 60% de los capítulos – la noción sobre el terrorífico del programa marcó un hito en la televisión. Desde Presentación de Alfred Hitchcock (NBC, CBS), Los límites exteriores (A B C), Misterios sin resolver (NBC, CBS, Lifetime, Paramount Network) hasta la inofensiva pero ingeniosa El club de medianoche de Nickelodeon (EE.UU.), la sombra de La zona del crepusculo forma parte de la forma en que comprendemos la televisión – y las series – en la actualidad.
De modo que un remake era una idea arriesgada, que aparecieron un alto costo de nostalgia en la audiencia, además del reto implícito de superar – o al menos, encontrarse a la altura – de su predecesora.
Tuvimos todas las posibilidades de hacerlo: un grupo de brillantes guionistas detrás de créditos, la producción y conducción del director Jordan Peele y la promesa de traer un tipo de ingenioso juego argumental que bien construido resultó novedoso a pesar de su intención no cortar de todos los lazos con su versión original.
Una primera temporada complicada
No obstante, la primera temporada de la producción de CBS All Access no lo tiene éxito: estrenada en el año 2019, la serie careció de la brillante cualidad de misterio, suspenso y firme estructura narrativa que hizo famosa a la versión transmitida entre 1959 y 1964.
Desde las críticas a la forma de Jordania. Un nuevo remake de alta inversión podría crear un producto lo suficientemente sólido como para competir con la actual oferta televisiva.
El show con once capítulos de entre media hora y 55 minutos de duración tiene la misma estructura que el original, con un presentador que presenta los programas e historias autoconclusivas, con argumentos de suspenso o terror. Pero a diferencia del clásico, el programa no tiene todas las posibilidades al momento de reflexionar sobre el meta lenguaje y la sensación del universo compartido que hizo famosa a la obra de Serling.
Jordan Peele luce artificial, sin mayor interés para formar parte del espectáculo como un elemento curioso, lo que sin duda rompe la suspensión de incredulidad tan útil para el programa.
Carente de su estilo original

Cada capítulo carecía de los habituales giros argumentales que hicieron famoso a La zona del crepusculo, una combinación de ironía, inteligencia y buen hacer de guión que se convirtió al programa en un suceso de audiencia y crítica. En su lugar, la primera temporada de la nueva versión de la serie optó por episodios de historias con breves moralejas o sermones morales, que no tuvieron el impacto de un giro argumental o mucho menos lograron crear la tensión y asombro que hizo famosa a la versión original.
Apenas un par de capítulos (No todos yo y seis grados de libertad), tuvieron cierta repercusión. Aunque por su alto contenido político o de debate cultural, parecían más bien reflexiones sobre la realidad que un clásico episodio de La zona del crepusculo. Además, sufrió el efecto Espejo negro que ya había reflexionado – y con mucho mejor tino – la idea de la tecnología, el miedo, el consumo y la soledad moderna, un tema recurrente en los largos episodios de la serie.
La primera temporada termina con números bajos y una lluvia de críticas que pusieron en entredicho un regreso a la pantalla chica. Pero la serie fue renovada, lo cual brindó la oportunidad a los productores de plantear de manera distinta el lenguaje y el argumento de los capítulos sucesivos, para alcanzar quizás una mayor independencia y capacidad narrativa. Y el resultado sorprendió a la audiencia.
Una vuelta de tuerca

La segunda temporada – estrenada el 25 de junio – parece una corrección e interesante revisión de los problemas de la primera. En especial con la forma en que la serie narra historias, que en esta ocasión toma un nuevo e intrigante segundo aire.
A pesar que varios de sus capítulos tienen una hora de duración, los productores lograron finalmente vencer la falta de identidad del programa– uno de sus mayores problemas – y además, dotar a los nuevos episodios de todo ese poder narrativo que hizo famosa y trascendente a la La zona del crepusculo de Serling.
Pero la nueva temporada disfruta especialmente de un renovado interés por lo oculto, lo extraño y lo inusual en manos de directores como Osgood Perkins, Mathias Herndl y varios directores noveles con enorme personalidad propia. El resultado es un grupo de historias que se alejan de los terrores tecnológicos y están más enfocados en homenajear a la versión original, y reflexionar sobre el origen de lo desconocido y la incertidumbre.
Para sorpresa de buena parte de los fanáticos, la segunda temporada también se ha tomado el tiempo de brindarles una nueva dimensión a los episodios clásicos, con homenajes evidentes (como el segundo capítulo El que de ti dirigido por Peter Atencio, que sigue el mismo tenor entre doloroso y dramático – o esa era su intención – del grabado segmento Se acabó el tiempode la película Twilight Zone: la película de 1983, aunque no logra la complejidad ni mucho menos, el nivel de análisis psicológico del original.
Con todo, sorprende que la premisa funciona a un nivel mucho más sencillo y malicioso, lo que convierte al capítulo en uno de los mejores de la temporada, y también en una muestra de la nueva ambición de la serie por crear un estilo y peso propio.
A diferencia de la primera temporada, la segunda muestra una considerable destreza en la narración, además de una capacidad que sorprende para crear una conexión sobre lo profundo de la oscuridad en la mente humana y sus dolores. De modo que con su nueva versión y renovado interés por lo sobrenatural devenido en metáfora de la naturaleza del hombre contemporáneo, La zona del crepusculo logra finalmente convertirse en la serie que prometió ser desde el anuncio temprano de su producción.

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