
No soy de las que creen que acorralar a las religiones (¿quién lo ha hecho?) conduzca al fanatismo. Arrinconar a la razón sí que lo hace. Por consiguiente, me place comunicar que una de las ventajas de mi ateísmo consiste en no sentirme, esta semana, falta de procesiones. ¿Desventajas? La lucidez no las tiene. Solo es más difícil.
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