10 de Septiembre de 2020
El 8 de septiembre, martes pasado, se conmemoró el Día del Periodista. Una fecha para celebrar a los profesionales de los medios de comunicación que informan la anhelada libertad de expresión. Celebrar la mejor y más ingrata profesión. Son millones de periodistas quienes diariamente exponen su integridad y, en ocasiones, la vida misma para entregar información veraz y útil que permita a la sociedad una toma de decisiones informada.
De acuerdo con la organización no gubernamental Reporteros Sin Fronteras, en lo que va del año, a nivel mundial, 20 periodistas perdieron la vida por motivos relacionados directamente con su quehacer profesional. En México fueron cuatro las víctimas: Víctor Fernando Álvarez Chávez, María Elena Ferral Hernández, Jorge Miguel Armenta Ávalos y Pablo Morrugares.
Justamente anoche, en Veracruz, encontró el cuerpo sin vida y con signos de tortura de Julio Valdivia. Un colega más asesinado y del que dudosamente encontremos justicia.
¿Qué celebramos en México? Absolutamente nada. Un país que se volvió uno de los más peligrosos para ejercer el periodismo. Desde el año 2000, por lo menos 134 profesionales perdieron la vida en crímenes que —en la mayoría de los casos— quedaron en la más ignominiosa impunidad. Es más, estamos acostumbrados a que ejecuten a un colega y que no pase nada.
Son miles quienes realizan su trabajo en México sin protección, exponiéndose a toda clase de riesgos, con la complicación de “tocar” los intereses de los grupos del crimen organizado o políticos. Otros cientos, censurados; otros más, despedidos de sus fuentes de trabajo por investigar y denunciar hechos incuestionables.
La censura y la autocensura son una cruda realidad, donde muchos se dedicaron a la adulación y la caricia al círculo en turno en el poder. Algunos —más lastimeros— que toman el rol de boletines gubernamentales y llaman a eso informar. Otros tantos que no logran subsistir por motivos económicos.
Aunado al complicado entorno del quehacer profesional del periodismo, se enfrenta a la precarización del oficio, el subempleo y el desempleo. Cada día se pierden más fuentes de trabajo y las que prevalecen ofrecen salarios ridículos.
Largas jornadas laborales con una compensación que no permite —en la mayoría de los casos— tener una vida desahogada. Son cientos de colegas quienes “dobletean” para obtener un ingreso digno y ni así se obtiene.
La falta de recursos impacta directamente en la carencia de actualización y profesionalización. Mientras estas condiciones prevalezcan, los profesionales de los medios de comunicación no podrán realizar la labor que México necesita para crecer y cambiar la realidad.
POST SCRIPTUM
El PAN sigue cometiendo graves errores que le impiden ser el necesario contrapeso al gobierno en la democracia.
Un grupo bastante grande que cree en los valores de libertad y democracia se había agrupado en torno al proyecto de México Libre. Se les veía como la primera línea contra la 4T.
Ante la negativa del INE de darles registro como partido político, el PAN debió hacer un proceso de reconciliación y sumar o regresar a sus filas a estos hombres. Sin embargo, la dirigencia del partido optó por la mezquindad que diluye a la oposición.
La ley de derechos de autor prohíbe estrictamente copiar completa o parcialmente los materiales de Excélsior sin haber recibido previamente permiso por escrito y sin incluir el enlace al texto original.
.

Deja un comentario