Lamine Yamal celebró el pasado sábado su 18º cumpleaños con una fiesta por todo lo alto. Tanto la temática, -el mundo de los gansters-, como los invitados, entre los que figuraban Bizarrap, Quevedo o Bad Gyal y una larga lista de influencers y celebrities, han suscitado una enorme polémica en las redes. Sea como sea, está claro que el futbolista azulgrana lleva la fama y el éxito de una forma radicalmente distinta a la del rey de la Fórmula 1, Max Verstapppen.
El tetracampeón neerlandés ha mostrado su faceta más introvertida en una entrevista con SunSport y ha dejado claro que está en la Fórmula 1 para disfrutar de su pasión, las carreras, mientras que el ‘glamour’ que rodea el ‘gran circo’ nunca le ha interesado.
Max es el ‘anti-Lamine’ y también un firme detractor del modelo de negocio por el que discurre el actual campeonato desde que lo controlan los estadounidenses de Liberty, que han conseguido popularizar a sus estrellas en Netflix, con ‘Drive to Survive’ y ahora también en el cine, con la película de Brad Pitt, ‘F1’. En su día criticó la serie y se negó a participar en ella y ahora tampoco se ha implicado en la promoción del film.
Verstappen asegura que no se siente cómodo en traje ni asistiendo a galas y fiestas. Y de hecho es uno de los pocos pilotos de la parrilla que no han asistido a las rutilantes premieres de la película en Nueva York y Londres, ni tampoco acudió al estreno privado que les organizaron a los pilotos en Mónaco.
“Ser auténtico no es algo en lo que deba centrarme, soy quién soy. No me gusta estar en la alfombra roja y vestirme de traje. No me gusta interactuar con la gente que no conozco, y tener una falsa sonrisa y una falsa conversación. Es horrible, algo que no disfruto”, reconoce Max.
“Prefiero quedar con mis amigos y pasar tiempo con mi familia”, dice el neerlandés, que en primavera fue padre por primera vez de la pequeña Lily. “Estoy en una parte de mi carrera en la que he conseguido mucho profesionalmente. Estoy centrado en la parte externa ahora, como mis grandes pasiones e intentar hacer mi vida más disfrutable, y no sólo pensar en el rendimiento en pista”, añade.
“Creo que es una cosa un poco neerlandesa. Soy sencillo, es lo mismo en el circuito, digo lo mismo en el paddock que con mis amigos fuera de la pista, es importante ser sincero. Cuando no estoy contento con algo lo digo, se lo hago saber así a la gente y ese enfoque funciona muy bien para mí”, cierra Max, el piloto mejor pagado de la parrilla, con un salario de 65 millones de euros anuales, patrocinios al margen.
Como muchas de las estrellas del deporte, Verstappen tiene jet privado y un enorme yate anclado en el puerto de Mónaco, pero no hace ostentación de ello. “El avión, básicamente, lo compré para ahorrar mucho tiempo en los desplazamientos. Son 24 grandes premios al año y quiero pasar el máximo tiempo posible en casa”, explicó en su día.
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