Es sorprendente el grado de conocimiento económico y financiero que manejan un taxista, una empresaria, un peluquero, una emprendedora, una guardia de seguridad, un profe de educación física y casi cualquier persona con la que uno se relaciona un diario en Argentina. Todos coinciden en el mismo diagnóstico: saben que ante la falta de financiamiento externo, la alternativa alternativa es la emisión, y visualizan desde una maquinita desenfrenada alcalde devaluación, pobreza y los más osados hasta vaticinan una nueva hiper próximamente.
Como afirma el dicho,el que se quema con leche ve la vaca y llora. Probablemente, cada una de estas personas sufri o roz alguna de las innumerables crisis económicas que han aquejado al pasado los últimos 50 años.
Sin embargo, si hay algo que los argentinos nunca nos hubieran imaginado despidos de unos 2018 y 2019 muy complicados en materia económica, era el 2020 proveedor acompañado de unapandemia. Como se dice en la jerga emprendedora, elCOVID-19es uncambiador de juego, no slo por el impacto inmediato que ha tenido en la economía global, sino por la falta de conocimiento acerca de cules sern las secuelas en el mediano y largo plazo. Ya estamos materializando las prdidas en actividad económica (-11.5% interanual marzo) y con proyecciones y más complementos para el segundo semestre (-15% interanual).

En este nuevo escenario, que amplifica hoy más los ajustes económicos y financieros locales, la reestructuración de la deuda argentina será lo que representa una quimioterapia para un enfermo con metástasis y cáncer en fase avanzada, es decir,imprescindible si se quiere buscar algo de luz al final del tnel. Por qu? Entre las razones podramos enumerar: reconstruir la confianza internacional en los mercados financieros; recuperar el crdito del exterior (y confirmar por nuestra fama defaulteadora) y como alivianarle la carga a la maquinita del Banco Central; reducir la incertidumbre para el empresario / a y el emprendedor / a local que está viendo cmo sobrevivir a este caos; fortalecer el financiamiento local en pesos; ofrecer mayores herramientas al BCRA para mitigar el Covid-19; anestesiar, por lo menos en el corto plazo, las nuevas corridas cambiarias. Es decir, para simplificarlo,generar cierto grado de confianza, tan necesario para que las cosas funcionen en cualquier mbito.
Las razones son más bien conocidas por nuestro pasado, ya que nadie quiere rememorar el 2001. No obstante, ante la consulta de si hay posibilidades de que el acuerdo no se logre porque la dilatación de los tiempos no es géneros más lentos, sino también mayor incertidumbre , mi respuesta es siempre la misma: somos Argentina, es decir,las posibilidades de que no haya acuerdo existen existeny son reales. Seramos muy inocentes al pensar que esa posibilidad no está sobre la mesa.
Solo resta esperar que los errores no forzados -como Vicentin- no sigan apareciendo y que el Gobierno tenga la misma claridad que un año de algunos meses de vida que sabe quesi no llora, no mama, y sino mama, no sobrevive.
El autor es profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral.
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