-Usted fichó por el Madrid en el verano de 1989. Cuando Lorenzo Sanz tuvo problemas con la Presidencia usted y su conocimiento del estado de Ramón Mendoza. ¿Cómo fue esto?
-Como siempre fue muy cercano con todo el mundo y al haber sido vicepresidente durante varios años, no notamos el cabio prácticamente. Eso sí, en la gestión vimos algo que nos llamó la atención. Pese a que Madrid vivía una dificultad económica severas a pesar de la grandeza del club, Lorenzo tenía en su cabeza devolver a Madrid a lo más alto de Europa. Y vaya que lo ocurrido.
-Era una época complicada tras las cuatro ligas del Dream Team de Cruyff y la sequía en Europa.
-Desierto. De hecho, en cuanto a dinero el Milán, el Inter o los grandes equipos ingleses eran inalcanzables para nosotros. Pero Lorenzo tuvo el atrevimiento de creer en un proyecto ganador y apostó por él. Los madridistas tendremos que agradecernos eternamente porque cambiamos nuestra historia. por un precio que en el mercado de hoy día se calificaría como chollo. Sólo Mijatovic, al tener que pagar la cláusula al Valencia, fue caro entre comillas. Luego trajo también a Karembeu por el que se pegaba media Europa. Y Fichó a Zé Roberto que era un gran jugador de equipo y Illgner que era el portero de la selección de Alemania. Recuerdo que Roberto Carlos estuvo con el Inter en un Trofeo Bernabéu anterior y vimos que iba a ser una máquina. Cuando Lorenzo lo fichó por solo 600 millones de pesetas de la época alucinamos. Parecía un jugador imposible en nuestra situación. Sin volvernos locos, Lorenzo construyó un equipo campeón. En el Milán había triunfado y su modelo le dio un aire muy competitivo al equipo. Capello puso la base para lo que llegó un año más tarde con Heynckes. El secreto es que teníamos un grupo que era una mezcla perfecta de veteranos, fichajes estrella llegados de fuera y canteranos. El mejor vestuario en el que yo el estadio. Éramos mucho más que un equipo de fútbol. Quedábamos en una esquina toda la plantilla cada dos o tres semanas. Para hacer piña, para hablar de nuestros problemas, nuestras inquietudes. Todos unidos Éramos una familia que jugaba al fútbol.
-¿Por qué fue tan trascendente ganar la Séptima?
-Es que fue vital porque el Madrid ganó el respeto de toda Europa. Nuestro pasado era inigualable, pero ya eran muchos años de espera. En el Madrid la exigencia es máxima y se vive al día, no vale la pena mirar por atrás. No fue sólo la Séptima. Seis meses después se conquistó la Intercontinental con el famoso Gol del Aguanís de Raúl. Hacía casi cuarenta años que no la ganábamos. Creíamos mucho en nosotros mismos y nos veíamos capaces de todo. Reinábamos en Europa, en el Mundo … Sin la química que había en el vestuario y la buena relación con el club había sido imposible.
-Le da mucho valor a Lorenzo Sanz de ese logro.
-Claro, el tiempo pone a cada uno en su sitio aunque haya tenido que pasar esta terrible desgracia para que los más jóvenes separen lo que hizo. Él puso al Madrid de nuevo en la dimensión mundial que había perdido. Esos tres títulos los resultados en los tiempos en los que el Milán, el Bayern, el United o el Barça aparentemente que estarían por delante. Con esas tres conquistas la FIFA no tuvo más remedio que darnos el título de Mejor Club del Siglo XX. Ese empujón fue definitivo.
-Lo curioso es que a los dos años de la Séptima se cambió la base del equipo y fueron capaces de ganarla de nuevo.
-Sí, ahí se viola la astucia de Lorenzo con los fichajes. Se fueron en verano Suker, Mijatovic y Panucci, Seedorf en el mercado de invierno, Karembeu ya no contaba … Y aun así fue un equipo casi nuevo que salió de la base y seguimos a Roberto Carlos, Redondo, Raúl, Morientes y yo. Llegó a una base nacional muy buena con Helguera, Iván Campo, Karanka, Míchel Salgado. Y se trajo a Savio y a Anelka. Otro proyecto ganados pese a las dificultades económicas que tenían. Parece un milagro, pero él lo hizo realidad.
-Y usted casi se pierde la final de París.
-Es que dos meses y medio antes de romper el ligamento de una rodilla en un partido de Liga ante el Betis . Hablé con los médicos y yo podríamos que pasáramos de cuartos y de semifinales, podríamos llegar a una final. Me preparé solo con ese objetivo. Mis compañeros supieron respetar mi sueño, porque eliminaron nada menos que al United y al Bayern Múnich. Vicente ( por Del Bosque ) manejó muy bien los recursos de la plantilla y el sacó dos eliminatorias de una manera impresionante. El partido de Old Trafford todavía lo tengo en la cabeza. Recuerdo que cinco días antes de la final de París jugábamos en el Bernabéu ante el Valladolid, en el último encuentro de la Liga, y Vicente me sacó veinte minutos para probarme. No me sentí bien. Fui honesto y en la víspera de la final le dije que no estaba para ser titular.
-Pero al final jugó …
-Sí. Hicimos un partidazo tremendo ante aquel Valencia que daba miedo. Con el 3-0 de Raúl ya estaba sentenciada la final y Vicente me sacó los últimos minutos. A mí y a Manolo Sanchís. Fue un detalle que demuestra cómo es el misterio también como persona. Eso lo valoramos mucho los jugadores.
-Regresemos a Lorenzo Sanz. ¿Cómo era el trato con ustedes?
-Era uno de los nuestros. Uno más. Siempre cariñoso … y siempre exigente. Para mí fue un segundo padre. Muy humano, te atendía en todo cada vez que nos veía en los entrenamientos en la Ciudad Deportiva. Se preocupaba por todo. Era uno más del grupo pero ojo, si se enfadaba podría temblar las paredes. Pero de puertas para adentro. Eso lo respetó siempre. No iba de cara a la galería. Yo lo defino como un gran madridista y así debe grabar.
-Hablemos de usted. Ganó tres campeones en el campo y casi gana la cuarta como ayudante de Zidane.
-Sí, siempre digo de broma si me encuentro con Morata que él lo evitó. En la vuelta de la semifinal con la Juventus, en el descanso del partido del Bernabéu ganábamos 1-0 y se enfrentaron en la final de Berlín contra el Barça. Pero Morata cazó un balón en el segundo tiempo y nos dejó con las ganas …
-Ya que hemos nombrado a Zidane, ¿cómo le ve en esta segunda etapa?
-Mejor de lo que se dice. Le ve perfecto. Lo que pasa es el final de su primera etapa era hacer una reestructuración o un cambio cuando vienes de ganar tres campeones seguidas. Es fácil decirlo pero dígame cómo lo haces. Pero lo que él logró en el banquillo es irrepetible. Como madridista, considerado con Zidane el Madrid está en buenas manos.
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