No hicieron méritos para más Leganés y Granada. Empate a cero que no sirve absolumente para nada a los pepineros en su eterna lucha por la salvación. Pocas aproximaciones que echarse a la boca.
LEG
GRA
Leganés
Cuéllar; Ruibal, Bustinza, Omeruo, Jonathan Silva, Kevin Rodrigues (Bryan Gil, 82′); Eraso (Roque Mesa, 46′), Recio (Rosales, 56′), Rubén Pérez; Carrillo (Óscar, 22′) (Assalé, 46′), Guerrero.
Granada
Rui Silva; Foulquier, Duarte, Vallejo, Neva (Víctor Díaz, 77′); Azeez (Eteki, 46′), Herrera; Darwin Machís (Gil Dias, 92′), Antoñín (Carlos Fernández, 46′), Antonio Puertas; Soldado (Fede Vico, 66′).
Árbitro
De Burgos Bengoetxea (vasco). TA: Bustinza (13′), Jonathan Silva (36′), Rodrigues (50′), Rubén Pérez (81′) / Antoñín (23′), Machis (45′), Neva (64′), Herrera (74′), Eteki (82′).
Campo
Butarque. A puerta cerrada.
La entrada del marfileño Assalé revitalizó relativamente a los del sur de Madrid. Él provocó un penalti por un derribo claro del portuense Carlos Neva. Rui Silva se lanzó con los dos puños y, con la ayuda del travesaño, privó a Guerrero del 1-0. Ni el rechace posterior benefició a los de Javier Aguirre. Vallejo se la quitó del pie a Bustinza.
En la primera mitad, costó mantener la atención. Los ojos abiertos. Los párpados eclipsaban la visión. El horario y el escaso ritmo del encuentro tampoco ayudaron. Dos ocasiones, una por bando. Y gracias. Latigazo de Darwin Machís por los nazarís que se quitó de encima Cuéllar con una ‘zamorana’. Y un centro de Ruibal desde la derecha que no encontró a Eraso ni Jonathan Silva por centímetros. Desesperados el vasco y el argentino por no alcanzar el servicio de su compañero.
Fueron los andaluces los que propusieron algo más de fútbol, especialmente superada la media hora. Insuficiente para desarbolar la línea de cinco defensores trazada por Javier Aguirre. El mexicano, un manojo de nervios, braceaba en la parcela técnica en busca de soluciones. Óscar Rodríguez entró por el lesionado Guido Carrillo. Gafado el delantero ante el gol y con los problemas musculares. Su rostro contrariado hablaba por sí solo.
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