No hay debate sobre el tiempo si se añade lo que se pierde

14/09/2021 a las 08:19

CEST


Los 10 minutos de tiempo añadido en el Espanyol – Atlético de Madrid generaron un debate que no se debería tener que generar. Que no se haya hecho hasta ahora no quita que ahora sí esté bien hecho. “Convertimos aciertos en escándalos”, decía Velasco Carballo, presidente del Comité de Árbitros, valorando la temporada pasada. Poco ha cambiado. Hay algo importante: el tiempo añadido es tiempo que se recupera del que se ha perdido durante los 45 minutos. Cuando esto se hace bien pero hay alguna jugada relevante en ese tiempo ‘olvidado’, es cuando surgen las indignaciones. Añadir más porque se ha perdido más está al orden del día, durante estas primeras jornadas parece que está siendo la dinámica, y habrá que acostumbrarse.

Los equipos estaban avisados. “Hay que mejorar en la aplicación del tiempo añadido, pero hay que ver qué pasa y el motivo por el que se ralentiza todo en esos minutos. El análisis debe ir también porque el jugador en España se comporta de una manera aquí y otra cuando sale o cuando juega con la selección. Me gustaría analizar los 90 minutos y el motivo por el que se juega menos que en otras competiciones “, decía en otra de las ruedas de prensa el propio Velasco Carballo, al mismo tiempo que decía que poner más minutos tras los reglamentarios era uno de los objetivos de esta nueva temporada.

De hecho, los datos de Opta mostraron que LaLiga Santander es la competición en la que más tiempo se pierde de las cinco grandes ligas de Europa, y en la que más faltas se realiza. En la segunda jornada hubo, de media, poco más de 50 minutos reales de juego, algo más que la mitad de los 90 minutos. En la Ligue 1 es donde hay menos interrupciones (con casi 3 minutos reales más de juego), seguido por la Premier (casi tres minutos más) y la Serie A (más de dos minutos), mientras que la Bundesliga se situar en números parecidos a los de la española.

El Espanyol se quejaba en sus redes sociales, pero no hay más que mirar los números para ver que 10 eran, incluso, pocos. Movistar, al final del partido, contabilizaba hasta 12:52 minutos de juego parado, entre pausa de hidratación, revisiones de VAR del gol anulado a Lemar y del de Carrasco, y las asistencias médicas a Felipe, Darder y Melamed. El Chiringuito contaba hasta 14:15 minutos perdidos sumando los cambios. En conclusión, si el colegiado hubiera querido, podría haber añadido más y aún se le aceptaría como acierto. Las quejas provienen de la cultura del engaño y de la picaresca, de la costumbre de perder tiempo como cultura. Es un problema de base.

Haciendo cuentas, Juan Martínez Munuera se ciñó a las directrices que los colegiados tienen desde la temporada 2015/16. En los partidos se añaden, por norma general, 30 segundos por sustitución (ahora más por partido desde el inicio de la pandemia, de tres a cinco) y un minuto por cada asistencia médica. Los demás puntos que tienen que tener en cuenta son, por ejemplo, las pérdidas deliberadas de tiempo, las sanciones disciplinarias, las pausas de hidratación, las revisiones del VAR y otros retrasos significativos en reanudar en juego, como la celebración de los goles, aunque no si no generan pausas excesivas. Todo ello, obviamente, bajo criterio arbitral.

Pellegrini fue de los primeros en quejarse esta temporada por las múltiples pérdidas de tiempo del Cádiz en la primera jornada. Es una práctica molesta para el rival y optimizada por el practicante. Una práctica que parece que hemos perfeccionado en España, y esto parece tan solo una medida para intentar parar el golpe. Ahora solo hace falta mantener el criterio a lo largo de los años.

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